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Tu piel lo siente todo: el impacto del estrés que va más allá de la mente

Publicado en 06 de junio de 2025

Cansancio, irritación, ansiedad... ¿Y tu piel en medio de todo? Comprende esta relación.

¿Has notado alguna vez cómo, en momentos de estrés, tu piel parece reaccionar también? Un grano que aparece de la nada, un picor persistente, ese enrojecimiento que te molesta... nada de esto es casualidad. Las investigaciones demuestran que el estrés psicológico tiene una relación directa con la aparición y el empeoramiento de diversas enfermedades cutáneas.

La piel, nuestro órgano más grande y primera línea de defensa contra el entorno exterior, también refleja los estados internos del cuerpo. Cuando el cuerpo se enfrenta al estrés, se activa una compleja red de comunicación entre los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario -conocida como red neuroendocrino-inmunitaria (NEI)- que influye directamente en las respuestas inmunitarias de la piel. Así, cerebro y piel mantienen un diálogo continuo, lo que pone de relieve la profunda conexión fisiológica entre ambos.


¿Cómo afecta el estrés a la piel?

El estrés puede influir en la salud de la piel de diversas maneras:

  • puede empeorar enfermedades ya existentes: Afecciones como el acné, la psoriasis, la dermatitis atópica y la urticaria suelen intensificarse durante los periodos de estrés;
  • puede alterar el sistema de defensa de la piel: El estrés altera el equilibrio de las células inmunitarias y las sustancias inflamatorias de la piel, lo que puede hacerla más vulnerable o susceptible a las enfermedades;
  • afecta a las funciones esenciales: puede debilitar la función de barrera de la piel, perjudicar la cicatrización y aumentar la liberación de citoquinas inflamatorias;
  • crea un ciclo difícil de romper: El estrés provoca cambios en la piel, y ver estos signos en el espejo aumenta la tensión psicológica, lo que retroalimenta el problema.


Un enfoque más completo del cuidado de la piel

Comprender la interacción neuroendocrino-inmunitaria y hablar de ello con el médico son actitudes que ayudan a crear estrategias más eficaces para diagnosticar y tratar las enfermedades cutáneas, yendo más allá de los síntomas visibles.

Por eso, cuidar de su salud mental es también cuidar de su piel. Controlar el estrés debe formar parte de su rutina de autocuidado, junto con la dieta, la hidratación y la protección solar.

Al fin y al cabo, tu piel es un reflejo de lo que ocurre en tu interior.


Fuente: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0889159123003768

 

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