Esteatohepatitis no alcohólica: comprender la relación entre el intestino y el hígado
La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (EME), antes conocida como enfermedad del hígado graso no alcohólico (HGNA), popularmente conocida como "hígado graso" o esteatosis hepática, es uno de los mayores retos para la salud pública en la actualidad. Esta afección está creciendo de forma alarmante en todo el mundo y está directamente relacionada con el estilo de vida moderno.
Pero, ¿qué es el hígado graso, cómo se desarrolla y cómo puede ayudar a prevenirlo y tratarlo el cuidado de la salud intestinal?
¿Qué es la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (EME)?
La MSD es la enfermedad hepática más prevalente en la actualidad, afectando entre 25% y 45% de la población mundial y con la tasa más alta (44,37%) en América Latina. Se considera la manifestación del síndrome metabólico en el hígado y se asocia a obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y dislipidemias.
La afección puede ir desde una simple esteatosis hepática (acumulación de grasa en el hígado) hasta afecciones más graves como la esteatohepatitis no alcohólica, la cirrosis y el cáncer de hígado. Su principal característica es el depósito de lípidos en los hepatocitos, las células responsables del funcionamiento del hígado.
Síntomas, causas y complicaciones del hígado graso
A menudo silencioso, el hígado graso puede desarrollarse sin síntomas perceptibles. Los principales factores de riesgo son
Una dieta rica en grasas y azúcares;
Un estilo de vida sedentario;
● sobrepeso y obesidad abdominal;
● resistencia a la insulina y diabetes;
● niveles elevados de colesterol y triglicéridos.
Si no se controla, la enfermedad puede evolucionar a inflamación, fibrosis, cirrosis e incluso carcinoma hepatocelular (cáncer de hígado).
Cómo tratar la esteatohepatitis no alcohólica
La gestión implica principalmente cambios en el estilo de vida, que incluyen
● una dieta equilibrada rica en fibra;
● actividad física regular;
● reducción y control del peso corporal;
● control de los niveles de triglicéridos, colesterol y glucemia.
Estas medidas ayudan a reducir la grasa hepática, equilibrar el metabolismo y ralentizar la progresión de la enfermedad.
El vínculo intestino-hígado y la salud intestinal
Investigaciones recientes apuntan a un fuerte vínculo entre la evolución de la grasa en el hígado y el eje intestino-hígado.
Muchos pacientes sufren disbiosis intestinal (un desequilibrio en la microbiota). Esto aumenta la permeabilidad intestinal, lo que permite que bacterias y toxinas atraviesen la barrera intestinal y lleguen al torrente sanguíneo.
El resultado es la denominada endotoxemia, es decir, la presencia de endotoxinas (sustancias tóxicas liberadas por bacterias Gram negativas) en el torrente sanguíneo, que sobrecarga el hígado y estimula procesos inflamatorios crónicos de bajo grado. Esta inflamación está directamente implicada en la progresión de la MSD y de complicaciones como la encefalopatía hepática.
Probióticos, prebióticos y simbióticos: aliados en el tratamiento del hígado graso
El equilibrio de la flora intestinal está ganando importancia como estrategia de prevención y tratamiento. La suplementación con probióticos (microorganismos vivos beneficiosos), prebióticos (fibras que sirven de alimento a las bacterias buenas) y simbióticos (una combinación de probióticos y prebióticos) ha sido ampliamente estudiada y ya está dando resultados prometedores.
Entre los beneficios documentados se encuentran la reducción de la inflamación, la mejora de la función hepática, la disminución de las concentraciones de colesterol LDL y la mejora del perfil lipídico.
Los prebióticos han demostrado efectos consistentes en la mejora del metabolismo de los lípidos, mientras que los probióticos destacan en la protección contra el daño hepático.
Estrategias integradas para la salud hepática
La hepatopatía esteatósica asociada a disfunción metabólica es una afección compleja y multifactorial. Sin embargo, el conocimiento de su relación con la salud intestinal abre nuevas posibilidades de atención.
La combinación de cambios en el estilo de vida con suplementos probióticos, prebióticos y simbióticos representa una prometedora vía de avance:
● ralentizar la progresión de la esteatosis hepática;
● reducir las complicaciones hepáticas y metabólicas;
● mejorar la calidad de vida de los pacientes.
En otras palabras: cuidar el intestino es también cuidar el hígado. Esta integración demuestra que la salud digestiva y la salud hepática van de la mano y que invertir en equilibrio puede ser la clave para prevenir complicaciones y vivir mejor.
Fuente: https://www.frontiersin.org/journals/nutrition/articles/10.3389/fnut.2023.1155306/full
https://www.scielo.br/j/ag/a/S7DZVcpY8KnKrkJRSM4LPJP/?format=html&lang=en
https://bmcgastroenterol.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12876-024-03356-y
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36626630/