Varices: no atesores tu circulación. ¡Sigue nuestros consejos!
¿Sabía que el recorrido completo de la sangre por las arterias (desde el corazón hasta los vasos más pequeños) es el responsable de mantener el buen funcionamiento del sistema circulatorio de nuestro organismo?
Para entenderlo mejor: cuando este flujo de sangre se reduce o se impide que viaje a una parte concreta del cuerpo -generalmente debido al estrechamiento o cierre de las arterias- se produce lo que llamamos problemas de mala circulación, como la aparición de varices.
Según datos de la Sociedad Brasileña de Angiología y Cirugía Vascular de Río de Janeiro, se estima que 18% de la población adulta tiene varices, y sólo en Brasil se calcula que más de veinte millones de personas padecen esta enfermedad. Según el Ministerio de Salud, las mujeres son más propensas a las varices que los hombres, debido a factores hormonales como el embarazo, la menstruación y la menopausia, que parecen estar relacionados con la mayor facilidad con que se dilatan las venas.
En la práctica, las varices se identifican cuando las venas aparecen dilatadas, alargadas y torcidas, con un color verdoso o azulado. Además, suelen aparecer en las extremidades inferiores, provocando sensación de piernas pesadas, dolor e hinchazón, por no mencionar que la progresión de esta afección puede indicar enfermedades circulatorias más graves, como embolia pulmonar y trombosis venosa.
Aunque las enfermedades vasculares son más frecuentes en ancianos, diabéticos, personas con problemas de obesidad y personas hereditarias, la población femenina es la más afectada. Esto se debe a la gran cantidad de estrógenos -una hormona producida por los ovarios- que pueden producir cambios en las paredes de las venas.
Por eso es importante seguir los consejos de un angiólogo, médico especializado en el tratamiento de problemas de los vasos sanguíneos, porque podrá recomendar medias de compresión, medicación o procedimientos más invasivos según las necesidades de cada paciente.
Sin embargo, sabemos que los problemas de circulación sanguínea no se solucionan de la noche a la mañana. Por eso hemos reunido algunos hábitos para que los incluyas en tu rutina:
. Practicar una actividad física regular.
. Evita estar sentado o de pie demasiado tiempo. Muévete.
. Intente descansar con las piernas ligeramente elevadas al final del día. Esta sencilla acción ayuda al corazón a impulsar la sangre de forma más eficaz a través del sistema vascular y reduce la gravedad que "tira" de la sangre hacia abajo.
. Masaje desde el tobillo hasta la ingle. Suelen ayudar.
. Lleve calzado cómodo.
. Evite el exceso de sal en su dieta, ya que favorece la acumulación de líquido en el organismo y dificulta el bombeo adecuado de la sangre.
. Reduzca la ingesta de bebidas alcohólicas, ya que consumidas en grandes cantidades pueden dañar los vasos y las venas.
En cualquier caso, acudir al médico es siempre la mejor manera de averiguar el origen del problema y comenzar el tratamiento adecuado.
Fuentes: