La innovación tecnológica en la industria farmacéutica nacional

Revista Facto Abifina/SP | 18/07/2017
Fonte: DANTE ALARIO JUNIOR
DANTE ALARIO JUNIOR | CSO - PRESIDENTE TÉCNICO CIENTÍFICO DE BIOLAB FARMACÉUTICA 

Después de años y años martillando sobre el mismo clavo, es decir, en la necesidad e importancia de la industria farmacéutica, principalmente la nacional, tener sus propios desarrollos innovadores, me quedo extremadamente satisfecho en decir que para varias empresas eso ya es una realidad. Es un hecho que algunas ya están bastantes adelantadas (incluso diseñando nuevas moléculas) y otras en fases anteriores, pero todas realizando innovaciones.

También he dicho, muchas veces, que los medicamentos genéricos fueron muy importantes como una nueva oportunidad de negocios que se abría a la industria y también para el gobierno, que los utiliza para aumentar el acceso de la población a los medicamentos.

Sé que, al decir lo que viene en el párrafo de abajo, las personas me mirarán de soslayo, como si fuera sospechoso y contrario a los intereses nacionales. Como contra argumento, uso la historia de mi vida profesional y personal. Siéntanse cómodos para preguntar. La verdad es que, si los genéricos sirvieron y sirven para justificar algunos aspectos positivos ya citados, ellos no posibilitaron cualquier salto tecnológico más expresivo sino solamente haber aprendido a hacer bioequivalencia. Como ese aprendizaje ya sucedió, los genéricos nada más tienen para añadir a la industria en términos de conocimiento. Como consecuencia, solo queda un camino a ser recorrido, el de la innovación tecnológica, en que no se da apenas un salto, pues se trata de un proceso que solo tiene inicio, pero no tiene fin. O sea, el agregado de conocimiento y de resultados es de tal orden que la industria que se inicia en ese proceso difícilmente lo interrumpirá, a no ser por motivos imperiosos.

Sin embargo, los caminos de la innovación en Brasil aún son arduos, apenas planeados y sin continuidad. Se vive entre llantos y suspiros, con muchos sustos asaltando el trabajo de quien milita en el área. Algo que ya dije, pero no cuesta repetir, pues todavía hay áreas en las universidades que no aceptan este posicionamiento: hay que iniciarse con innovaciones más simples y, en la medida en que se agregan conocimientos más complejos, ir elevando el nivel de esas innovaciones incrementales. Llegará a un punto en que la industria farmacéutica, por todo el conocimiento adquirido, podrá optar por un salto mayor, que es el de la innovación radical, a través de la creación de nuevas moléculas. Y también tendrá siempre como una buena opción permanecer y especializarse en innovación incremental.

Ya para la innovación radical, todas las áreas de las universidades aplauden. No hay voces contrarias. Sin embargo, es necesario entender que, para alfabetizar a un niño, no se le da un artículo escrito por Ruy Barbosa y se pide para que lo lea. Al menos en mi tiempo aprendí a leer agregándose a una consonante, por ejemplo, la letra “d”, las varias vocales y quedaba así: d + la = de la, d + e = de, y así por delante. Había una gradualidad en la alfabetización, que culminaba años más tarde en lectura y entendimiento de los más complejos textos. En la innovación no es diferente, es decir, se inicia con las más simples incrementales y se alcanzan las más sofisticadas, llegándose a las radicales, que es el último eslabón de la innovación.

La mayoría de las industrias farmacéuticas nacionales se encuentra en esa primera fase de aprendizaje incremental. Hay, por lo tanto, un largo camino para recorrer, una infinidad de conocimientos para agregar y mucho para invertir. En ese largo camino por recorrer, la industria se depara con innumerables dificultades que, lamentablemente, no son reconocidas por las áreas gubernamentales y así permanecen sin las soluciones necesarias. Citamos algunas:

Iniciando por el área ministerial, no hay cualquier acción conjunta entre los varios ministerios en lo tocante a la innovación. Pero se habla mucho sobre el tema. Según mi apreciado amigo Nelson Brasil, de la ABIFINA, necesitamos de menos estudios y diagnósticos y más “acción”. Ejecución es la palabra de los que quieren hacer y no apenas diagnosticar. Según otro amigo, Sergio Sacurai, quien sabe actúa y quien no sabe discursa.

No hay programas de financiamiento a fondo perdido, sino cuando los valores son dirigidos a las universidades, pero esa es una situación donde la industria pierde el control del proyecto y eso no nos interesa. No hay un proyecto de largo plazo para que se viabilice la innovación en Brasil y más y más empresas pasen a practicarla. Son programas de gobierno y no de Estado. Pero la visión de los políticos solo alcanza hasta la próxima elección, plazo muy corto para un proyecto que, como ya fue dicho, solo tiene comienzo y no tiene fin debido a su importancia y esencialidad para el País y para las industrias.

Las universidades disponen sus alumnos para pesquisa científica y no para pesquisa aplicada. Cuando buscamos a nuestros colaboradores allá, hay que disponerlos (algunos años más) para nuevas funciones. Es decir, los currículos de las universidades deben ser adecuados a las nuevas necesidades de los segmentos productivos. No hablo solo en adecuación técnica, sino también sobre administración, mercado, legislación y emprendimiento, caso algún académico quiera realizar su vuelo solo. ¿Y por qué no? Los procesos de compra de equipos, intermediarios, estándares y reactivos en pequeña escala (bancada y piloto) son desesperantes de tan lentos. Cuando el producto no tiene existencia en Brasil (la mayoría), entre la emisión del pedido hasta la llegada a la fábrica transcurren de 90 a 150 días. Para quien hace pesquisa, ese plazo es inaceptable.

Cuando hay necesidad de ensayos pre-clínicos, muchos aún no son hechos aquí. Muy bien, se recurre al exterior. Ahí viene otra sorpresa desagradable: cuando se hace allá afuera, hay una agradado de casi 40% en el valor de la prestación del servicio, correspondiendo a tasas e impuestos de algo que Brasil aún no ofrece para quien necesite. Solo recientemente dos centros (Santa Catarina, del profesor João Batista Calixto, y Ceará, de los profesores Odorico de Moraes y Elisabeth de Moraes) iniciaron una prestación de servicios más próxima que la pesquisa en la industria necesita. Que tengan el éxito que merecen por la brutal lucha emprendida hasta llegar a lo que hoy son. Pero no es lo suficiente.

En cuanto a las fases clínicas I y II, estamos dando los primeros pasos por nuestra cuenta, pues aquello que ejecutan aquí es diseñado afuera - somos apenas “un brazo” en la pesquisa. Es más un aprendizaje. Ya en la fase clínica III, Brasil posee buena capacidad.

Se sigue ahora la acción de la Anvisa, que es el órgano gubernamental donde se registra el medicamento. Lo que pedimos es más agilidad, flexibilidad - sin comprometer la calidad - y madurez en las decisiones. Nuestro pleito antiguo es que la agencia tenga un área solo para analizar y orientar a las industrias poseedoras de productos con innovación incremental y también radical. Eso porque, por la primera vez, tenemos productos innovadores desarrollados en Brasil, cuando antes todo llegaba del exterior vía empresas internacionales.

Vamos ahora a abordar rápidamente un asunto tabú de la industria farmacéutica: precio de los medicamentos. La Câmara de Regulação do Mercado de Medicamentos (CMED) trabaja con reglas antiguas que no esquivan la hipótesis de Brasil desarrollar sus propios productos innovadores, sean incrementales o radicales. Son reglas desfasadas y necesitan actualización. Aquí no hay espacio para discutir todas las reglas de la CMED, pero digo que, permaneciendo como está, es una fuerte falta de estimulación a la práctica de innovación en Brasil.

Sin entrar en mayores detalles respecto de la Anvisa, entiendo que viene esforzándose y consiguiendo, al menos en algunas áreas, alcanzar ese grado de estándar internacional que tanto anhela. El problema es que ella coloca en Brasil, de una sola vez, reglas que allá afuera demoraron años en discusión, otro tanto para su gradual implementación y todavía más para su total encuadramiento. La agencia olvida que ella tiene una capacidad de escribir nuevas reglas mucho más rápido que nosotros en la industria podemos ejecutarlas. Con eso estamos siempre desfasados. En nada ayuda establecer en Brasil todas las reglas vigentes de afuera, porque el ambiente industrial de aquí está muy lejos de aquel del exterior.

Otros puntos podrían ser aquí abordados, pero ya fueron debidamente identificados por los varios diagnósticos realizados hasta hoy. La pregunta que queda es: ¿frente a tantas dificultades en Brasil, compensa realizar innovación aquí? Contesto que sí, pues ese es el único camino que llevará a las industrias a alcanzar un estatus internacional y andar con sus propias piernas. Son nuestras innovaciones, protegidas por las patentes, las que nos llevarán a la internacionalización de nuestras empresas, y no las commodities (genéricos). Ese es un objetivo que debía ser tanto de la industria, como de los gobiernos.

Recuerdo también que la poca voluntad de nuestros gobernantes en proporcionar mejores condiciones de trabajo a las empresas que trabajan en innovación en Brasil, es compensada ampliamente por la voracidad con que los gobiernos extranjeros nos abordan y nos estimulan, en el sentido de desplazarnos hacia fuera de Brasil. No es solo la relación costo X beneficio que usamos para decidir, sino que tiene un alto peso específico en estos momentos decisivos. Y esa relación es altamente desfavorable a Brasil. Necesita ser modificada con velocidad para que no se inicie una emigración, sin vuelta, hacia fuera del País.

Termino repitiendo que mucho más se podría hablar sobre innovación. Sin embargo, todo o casi todo ya fue dicho en estudios y diagnósticos hechos por varios ministerios y órganos gubernamentales. Lo que necesitamos es de un gobierno que acoja la causa, deje de discursar sobre la innovación y pase a ejecutar acciones que traerán como consecuencia el establecimiento de un programa duradero de innovación en Brasil. Desde hace mucho se sabe que las conquistas no son hechas solo con el poder económico y bélico, sino principalmente con el poder tecnológico. Si la conquista no es nuestra vocación, tengo también certeza de que ser solo juzgados, absorbidos y culturalizados no es lo que anhelamos.
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